La conversación masculina
Agosto 13, 2019
La ensoñación como un puente hacia la sabiduría corporal
Agosto 13, 2019

El reportaje

El concepto abstracto de la muerte se encarna ahora en él cuando aparecen en su cuerpo las señales concretas del paso del tiempo: una leve caída del cabello, unos kilitos de más, y ciertas sustancias que ingirió con tanta soltura en la denominada juventud, hoy en día el cuerpo simplemente las rechaza. No significa que está envejeciendo precozmente, sino que simplemente se hace consciente del tiempo, algo que antes no había notado. Son pequeños signos, pero contundentes de una presencia. Entonces se enfrenta abierta o soslayadamente a esta realidad inevitable. Lo que había sido un cuento o una teoría de la cual debía preocuparse en la vejez, resulta que ahora es una realidad física e incómoda porque cuesta aceptarla. Entonces surge la angustia, y opta por emprender una marcha consciente y decide diferenciar lo que es significativo en su vida de aquello que es banal. “Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer”, fue el modo con que el gran Darío plasmó aquello que cuando jóvenes simplemente no vimos.

Viajar tiene esa fuerza indicadora que aún se tiene la juventud para readaptarse a nuevas condiciones. Viajar es una actividad que coloca al hombre como un individuo frente a un mundo desconocido. Iniciar un estilo de vida diferente es algo que da la ilusión de vivir con nuevas ansias. Mantenernos vigentes decimos en el Chile de hoy, adaptándonos al cambio. Pero al constituirse en viajero, la psicología del hombre cobra un nuevo alerta: tener que lidiar con aquello que no es seguro. El viajar hace enfrentarse a la persona, además, consigo misma, porque desafía la certeza y tranquilidad del hogar estable y debe buscar una nueva morada. De allí surge el instinto nómade, el afán por conquistar originales paisajes y registrar la experiencia para estar consciente de los tesoros conquistados. Es posible mostrar las novedades a los amigos que ya no necesitan estar presentes, pues se puede seguir en contacto a través de la realidad cibernética que ha creado un nueva dimensión para estar juntos, pero a la distancia. Se ha roto el aquí y ahora y se ha inventado una nueva realidad.  El aquí y ahora se reemplaza parcialmente por el aquí y allá. La globalización y la revolución cibernética nos han permitido esta nueva costumbre de poder viajar y armar un nuevo estilo de vida con la ilusión de no estar más aislados.

Pero si bien el hombre no está aislado, está rotundamente solo en el sentido de enfrentar su existencia individual e irremplazable. Nacer y morir son experiencias de soledad, decía Octavio Paz, y el viajero, como nadie, está consciente de su propia vida porque ahora su vida se ha vuelto significativa.

Esta crisis de conciencia implica entonces una nueva reformulación, un nuevo para qué. Hasta ahora se tenía el propósito de crecer y vivir para alcanzar la seguridad conformando un hogar, habiendo contraído matrimonio y constituido incluso una familia. No todo el mundo se divorcia a los cuarenta, pero de acuerdo Jung todos los seres humanos atraviesan por una saludable y necesaria crisis en cuanto a reformular nuevos propósitos vitales. Saludable porque los despierta cuando aún están a tiempo. La individuación es un proceso benigno ya que hace tomar un nuevo camino para vivirlo significativamente. Ya no atrae cualquier cosa, lo que llama la atención es aquello que devuelve el sentido de la vida. Viktor Frankl descubrió que quién tiene un sentido para vivir puede sobrellevar cualquier sufrimiento, incluyendo pérdidas. Quién hace cambios de la magnitud de tomar una nueva vida en la que se enfrente con la novedad de cada instante, o ha optado por hacer viajes, o cambiar de residencia, o simplemente entrar a otra etapa. Abraham Maslow entregó otro concepto similar a la individuación, conocido como auto actualización. Este proceso impulsa a vivir de acuerdo al gran propósito de desarrollar los verdaderos potenciales, recordando que se es responsable de la vida que construimos. Cuántas veces el lector, se habrá preguntado acerca del propósito de su vida, o ¿todo indica que no hay propósito para vivir más allá de pasarlo bien y trabajar? En la juventud no era necesario preguntarse por ningún propósito adicional, ya que los años mozos otorgan esa sensación que se tiene la eternidad del tiempo en las manos, había tanto futuro por descubrir y alcanzar que hacerse semejantes preguntas era una forma absurda de complicarse la vida. En la juventud se vive el presente y la vida es un flujo eterno a nuestra disposición.

Los seres humanos hemos sido nómades en nuestra etapa evolutiva antes de constituir el fenómeno de la urbe, hace recién 10.000 años. Esa habilidad para adaptarse a nuevos medios está dormida en los genes, por lo que se puede despertar el instinto trashumante, esa habilidad para patiperrear, término que se conoce en Chile para denominar a aquel que se aventura a salir del medio en busca de nuevas posibilidades. Entrar en contacto con diversas culturas e idiomas o nuevos desafíos laborales, son una forma muy real y concreta de cambiar el estilo de vida. Respecto esto último, una persona en Estados Unidos hoy cambia en promedio diez a quince veces de trabajo. Mediante lo anterior, se ponen en desarrollo los potenciales creativos; moverse a través de la intuición más que obedientes exclusivos de la razón, es decir, todas esas habilidades tan humanas como la rutina controlada, la seguridad adquirida en el mercado financiero, o regirse por un horario, son cosas que el urbanismo post modernista de nuestra era ha impuesto como único medio de vida.

En nuestra época en que se venden ilusiones, se han concebido actividades que permiten cambiar de medio sin perder seguridad. El turismo de hoy en que se compran planes todo incluido, es un ejemplo. El turismo aventura es otra forma de lidiar un tanto con aquello que no se puede contratar, permitiendo un margen mayor de creatividad e improvisación. Sin embargo, cambiar definitivamente de ambiente es tomarse en serio el hecho de enfrentar una nueva vida, inventar una nueva cotidianidad.

No obstante, lo central del fenómeno que esta detrás de salir al mundo en busca de adrenalina y hazañas, es el proceso de individuación que en realidad comienza en el mismo momento de nacer, de acuerdo a lo que Nietzsche acuño como la caída luminosa. Ésta consiste en la trayectoria vital que se decide recorrer con un estilo e intensidad particular desde que se llega a la vida, y hasta la muerte. Lejos de cualquier pesimismo, lo que Nietzsche quiso decir es que se puede vivir una vida con mayor conciencia de uno mismo y del destino para así vivir siempre significativamente. Cuando se vive solamente de acuerdo a las creencias condicionadas del medio, entonces podemos romper esa trayectoria no tan propia.

La recomendación es que al afán nómade, debe agregarse un propósito que esté en relación con el desarrollo del verdadero potencial de la persona, y de este modo los viajes y cambios se puedan convertir en propósitos de vida y así se pueda vivir o viajar con un sentido. El afán trashumante cumplirá entonces con la individuación y de este modo se evitará la angustia del sinsentido. No se trata de cambiar solamente de ambiente, sino de decidir una nueva aventura acorde a un nuevo fin e inventarnos de nuevo. Los seres humanos tenemos esa gran particularidad, en un mismo cuerpo podemos inventarnos varias veces en esta caída luminosa que es la vida.

Publicado Septiembre 2013

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *